Recuerdo aquella velada del mes de diciembre de 1992 en la mítica sala Canciller, junto a Ventas. Aquella noche los hermanos Robinson venían a Madrid por primera vez para presentar su memorable segundo disco The southern harmony & musical companionThe Black Crowes llegaron un año antes de que explotará el mundo de la música, la mecha prendió en Seattle, con la publicación del Nevermind de Nirvana; lo hicieron con su debut, en 1990, Shake your money maker. Aquel disco era una fluida mezcla de querencias musicales, Rock y Soul en alianza con un groove diabólico, que ya dejaba himnos memorables como Twice as hard, Jealous again, las bellísimas Seeing ThingsShe talks to angels o la indomable adaptación del Hard to handle de Otis Redding.

Ha pasado mucho tiempo de aquel concierto pero, aún quedan imágenes muy vivas en la memoria de la intensa puesta en escena de Chris Robinson, un látigo de energía con una voz que estallaba a cada pieza con el poder de un trueno. Intuíamos estar ante una súper banda, y así fue, disco tras disco se hicieron grandes, luego gigantes, hasta llegar a aplastarse a si mismos.

Ocurría a principios de 2015, tras más de veinte años de una carrera intachable, por la que pasaron músicos extraordinarios, la batalla de egos entre Rich y Chris dio al traste con una de las bandas norteamericana más importantes de la historia reciente del rock. Cada hermano emprendió su propio viaje musical incluso antes de matar al cuervo negro, distintos proyectos con desigual acierto. Chris se lanzaba en 2004 con The new earth mud y ya en 2012 con su actual hermandad.

En la Chris Robinson Brotherhood, ya desde su álbum debut Big moon ritual, Robinson comienza a explorar el viejo universo del rock psicodélico de los 70 de bandas como Poco o Buffalo Springfield, por momentos en formato jam band, incluyendo extensas piezas donde el trazo de los sintetizadores analógicos y las, aparentes, improvisaciones de guitarras filtradas por pedales, arrojan un fresco de los paisajes que el cantante quería mostrar usando ácidos sureños con ascendentes cósmicos.

Son ya cinco títulos oficiales los que alumbran la trayectoria de la CRB, al margen de EP’s y directos; La última entrega, auto producida, Barefoot in the head es su mejor y más completo trabajo hasta la fecha, disco que contiene todo lo expuesto y que arranca con el fervor funk de Behold the seer a la que sucede la nostálgica She shares my blanket. Fraseos a lo Dylan, momentos de bluegrass, honky tonk lisérgico, todo cuanto ocurre en el disco es electrizante y, lo más importante, maduro.

Este álbum será puesto de largo sobre las tablas de la sala But, el próximo 5 de marzo, por el quinteto que forman Chris Robinson, secundado por el gran guitarrista Neal Casal, Adam MacDougall a los teclados, Mark Durron  al bajo y Tony Leone a la batería. Se nos antoja un concierto de carácter imprescindible.

En estos días hemos conocido la noticia de la puesta a punto de un nuevo proyecto del cantante, llamado As the crow flies, para volver a meterse dentro del repertorio de The Black Crowes con una gira que se iniciará en abril de este año. No contará con su hermano Rich que sigue, por su parte, recuperando en directo las canciones de los cuervos con The Magpie Salute. El tiempo lo cura todo, aunque hoy parezca que la situación es irreconciliable puede que dentro de unos años los hermanos se perdonen y vuelvan a volar juntos. Cosas más raras hemos visto.

Gira española de The CRB

Lunes 5 de marzo de 2018: Madrid, Sala BUT
Martes 6 de marzo de 2018: Barcelona, Bikini Barcelona
Miércoles 7 de marzo de 2018: Bilbao, Kafe Antzokia